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Relatos salvajes y la cuestión moral

Algunos han sugerido que el tema central de Relatos Salvajes, cinta argentina nominada este año al Oscar a mejor película extranjera, es la venganza. Sin duda esta reacción de violencia frente a una acción ética o moralmente reprochable, envuelve, desenvuelve y encadena cada uno de los relatos.

Mi premisa de Relatos Salvajes: La venganza conduce a la liberación de los instintos más violentos. O de otra forma: menospreciar o aniquilar la dignidad de alguien puede eventualmente desencadenar las pulsiones más bestiales de cualquier sujeto o su jeta.

Los seis episodios que componen la obra cinematográfica le dan un tratamiento a esta premisa de modo diferente

En el aire. Primer episodio. El protagonista es “Pasternak”, el sujeto mentado que todos los  pasajeros del avión conocen, al parecer todos han vivido experiencias desagradables con él. Pasternak resulta ser el comisario a bordo y, en venganza personal, reúne a todos aquellos que le jugaron una mala pasada en el pasado, así decide estrellar el avión en la casa de sus padres.

En el restaurante. [Entra un señor con la gabardina empapada, mientras afuera cae un aguacero torrencial]



«—Buenas noches, ¿uno sólo?


 —Veo que sos buena para las matemáticas… Uno, sí.»

La moza, piel rosada y rubor en las mejillas, con malestar en el semblante reconoce al sujeto. Cuenca, el hombre tosco que entra al lugar, es descrito por ella como un usurero, mafioso, que le remató la casa a su familia, además lo culpa por el suicidio de su padre. En “Las ratas”, parte del resentimiento de la moza hacia Cuenca es compartido por la cocinera, experimentada ex convicta, mujer de contextura gruesa y “cara de revolver”, ésta anima a su compañera, más débil, a depositar el veneno para ratas en la comida del canalla. Al final, la cocinera, termina clavándole un cuchillo al corrupto.  Ante la inoperancia de las normas legales y la ausencia de cualquier moralidad, Cuenca hace de las suyas, así la ex convicta toma la justicia por sus propias manos.  Para rematar con una efusión copiosa de sangre que mana del cuerpo del bribón. El episodio me trae a la memoria un cuento de Borges: Emma Zunz. En él, la premisa es otra: “Todo acto de justicia exige un sacrificio”. No obstante, el sentimiento de venganza impulsa a Emma a planear el asesinato de Loeiventhal, igual que la moza de “Las ratas”, que pese a  conservar escrúpulos, da el primer golpe de desquite contándole a la espeluznante cocinera los actos viles del tosco sujeto.

En las vías del desierto. “El más fuerte”, apasionante relato en el que dos hombres en sus autos luchan y compiten por ganar, midiendo sus fuerzas, acudo a las sagradas escrituras: “fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; según la lesión que se le haya hecho a otro así se le hará” (Levítico 24:20) “quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” (Éxodo 21:25). “Y no tendrás piedad: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” (Deuteronomio 19:21)

Aunque fuera de contexto, evoco las líricas del indio Pastor López, cantautor venezolano: “Golpe con golpe yo pago, beso con beso devuelvo. Es la ley del amor que yo aprendí, que yo aprendí”. El relato ilustra el espíritu del latinoamericano, no sólo del argentino. Ante cualquier ofensa, afrenta u ignominia estamos dispuestos a hacernos matar. Matar y rematar. Si me insultas, yo te cago. Si me cagas, yo te envío a la mierda tu carro, contigo adentro. Si quedas vivo, te persigo para arroyarte, hijo de perra. El juego del toma y dame. Se amaban tanto que el policía, al encontrar los dos cuerpos calcinados, diagnostica con ironía un “crimen pasional”.

En la ciudad. “Bombita”, interpretado magistralmente por Ricardo Darín, es un ingeniero exitoso y triunfador, que de un día para otro pierde su empleo y familia, por alegar injusticia en el pago de unas multas de tránsito, se resiste a pagar las infracciones por estacionamiento, destruye con un extintor las ventanas del centro de servicios y después hace explotar el parqueadero donde estacionan los vehículos de los infractores. Cabe examinar el carácter de “Bombita” (que le hace honor a su mote), para mí es un hombre demasiado tolerante, que explota cuando el mundo le declara la guerra. “Bombita” es el prototipo de hombre civilizado que soporta, aguanta, resiste, hasta cuando dice “¡ya no puedo más!” y hace estallar al mundo en mil pedazos. Cuando “Bombita” decide tomar la justicia por su propia cuenta, es elogiado por la muchedumbre. Así vaya a la cárcel, es un tipo valiente que “no se dejó” del sistema. El mártir que, primero ensuciado por los medios, es después glorificado como un héroe anti statu quo.

En la lujosa casa. El premio para el episodio más lacrimógeno es para… “La propuesta”. El chico que atropella y mata a una mujer preñada en una noche de juerga, motiva para que su millonario padre, junto con un abogado y un fiscal, armen un teatro sobre la escena del crimen y acusen al jardinero como presunto responsable, evitando que el joven irresponsable vaya a la cárcel. Los medios de comunicación y la fuerza pública acechan la casa de la familia, esperan la salida del homicida, el jardinero se entrega y es linchado por la comunidad y el marido de la víctima.

En el salón de recepción de la boda. El éxtasis, la pachanga, la celebración, “Hasta que la muerte nos separe” cierra la serie de cortos. Me disgustó la voz chillona de la joven casada, algo sobre-actuada en la terraza del edificio. El marido atractivo e infiel, pero pelmazo. Ternura, peleas de jóvenes novios, mechoneada con la suegra, amantes heridas. Al cierre, reconciliación y sexo salvaje. Gran película, interesante director, buena fotografía

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