Pajaritos y pajarracos

Totó y Ninetto, padre e hijo, caminan por los alrededores de Roma con el fin de encontrar dinero para solventar la deuda de una finca, en su trayecto se encuentran con un cuervo parlante quien los acompañará en todo su recorrido. Tal cual indican la mayoría de sinopsis de ésta obra de Pier Paolo Pasolini, exhibida en 1966. En el plano técnico, me gusta, primero, el uso de los primeros planos, las caras sucias de niños y viejos; segundo, las risas de la gente y los gags de los personajes principales corriendo como en las cintas de Chaplin; tercero, la extraordinaria música de Ennio Morricone; y cuarto, la posición política explícita del director: poner de protagonista un cuervo parlanchín que representa la izquierda intelectual, hijo del señor duda y la señora conciencia. 

La película, de entrada, tiene el espíritu de los sesenta. Los dos personajes entran a una tienda, donde en sus afueras bailan frenética y espabiladamente unos jóvenes italianos. Ninneto, un mancebo delgado y de pelos crespos, entra en la onda y baila con ellos. Éste, de inocencia, simplicidad y gracia, le pregunta a su padre, un viejo de ojos saltones, esmoquin, zapatos negros y paraguas, [que en vez de un agricultor profesional, semeja más un Monsieur Hulot a la italiana] asuntos acerca de la vida y la muerte. Totó tiene cierta visión materialista sobre tales asuntos trascendentales:

“Para un rico morir es como pagar la deuda de la vida. Paga, sí, pero la vida le ha dado muchas cosas. Sin embargo, el  pobre paga y la vida no le dio nada. ¿Qué hace el pobre? Pasa de una muerte a otra.”

Mientras discurren atravesando un largo puente, un cuervo que permanece posado en una estaca les dirige unas cuantas palabras y los persigue, los viajeros no se molestan en deshacerse del animal y les hace compañía.  El cuervo les interroga sobre su destino: “Ya que iremos un rato juntos, ¿me decís adónde vais? “, don Totó le señala que “allá” sin darle respuesta concreta. El pájaro sigue preguntando y lanzando posibles hipótesis del probable rumbo de sus acompañantes. Por fin, el ave de plumajes negros cambia el tema y decide narrarles un relato de “pajaritos y pajarracos”.


En este punto comienza, creo yo, la parte más ocurrente de la película. En el año 1200, iniciando el periodo de la baja Edad Media, el hermano Ciccilo y el hermano Ninetto son encomendados por el monje San Francisco de predicar a los pájaros, comenzando por dos especies diferentes: los halcones, orgullosos, y los gorriones, humildes. Ambos clérigos deciden hacer acto de penitencia a la intemperie, al sol y el agua, durante las cuatro estaciones: el verano, el otoño, el invierno y la primavera. En la estación hermosa, contra todo pronóstico, el piadoso hermano Ciccilo consigue comunicarse con los halcones. Mediante graznidos les comunica la existencia de Dios y la entrega de su amor a todos los seres vivientes. Los halcones desconocen el dios del que les habla y continúan su vuelo. El milagro se lo han adjudicado a la fe.



Las tres señoras rezanderas, Avaricia, Mala hierba y Rapiña, se enteran de la supuesta santidad del hermano Ciccilo y organizan en unas chozas de oración la venta de productos: escobas, escobillas, escobones y calzoncillos. En el centro del mercado ubican un altar con velas en donde el santo Ciccilo busca comunicarse con las aves. Frente a tanto alboroto de gente que va llegando, el anciano termina por desesperarse y destruir todas las tiendas de los mercachifles y buhoneros.

El intento del hermano Ciccilo de comunicarse con los gorriones mediante chillidos, no prospera. Mientras el hermano Ninetto juega rayuela en la catedral, ambos descubren que los gorriones atienden a su llamado dando saltitos. Las pequeñas aves esperan la abundancia de alimento a lo que los dos hermanos contestan que la buena nueva es el ayuno y el amor de dios.

Esto los pone contentos, elevan innumerables alabanzas y lisonjas al señor omnipotente y piensan su labor cumplida. Lamentablemente ven que un halcón lanza sus poderosas garras desde el cielo a un pequeño gorrión en tierra, que le sirve de merienda. Los evangelizadores de animales ven inútil su empresa al comprobar que no pueden anular la violencia inherente a toda la naturaleza.

El mundo ideal y celestial de paz y armonía entre el humano y la bestia resuena en algunos pasajes de la biblia. Y rezan los versículos Isaías 11:6 “Entonces el lobo habitará con el cordero, y el leopardo se recostará con el cabrito. El ternero y el cachorro del león crecerán juntos, un niño pequeño los conducirá.”  Isaías 11:7-9 “La vaca y la osa pacerán, y sus crías se recostarán juntas. El león comerá paja como el buey. Un niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y el recién destetado extenderá su mano sobre el escondrijo de la víbora. No harán daño ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mal.”

Pasolini declaró en algún lado que esta cinta había pasado de ser comedia para transfigurarse en tragedia. De regreso a la Italia moderna, padre e hijo continúan su viaje, entre incontables aventuras, hasta llegar a la casa del ingeniero al que le adeudan dinero. Al final del filme el cuervo negro es asado en fogata y merendado por padre e hijo.

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