Melodías de Broadway de 1953

El musical fue uno de los géneros cinematográficos más populares e insignes en los Estados Unidos durante el siglo XX. Entre los títulos más emblemáticos y premiados por la academia figuran: Singing in the rain, My fair Lady, The sound of music, Mary Poppins, Cabaret y Grease. La gente acudía a los cines para ver el espectáculo del baile, el canto y la actuación a la vez. En lo personal, no soy fanático de este tipo de películas, pero tengo que confesar que me distraen y me entretienen en mis tiempos libres.

The band wagon de 1953, bien podría ubicarse dentro de los hitos históricos del musical estadounidense. Dirigida por Vincente Minnelli y producida por Arthur Freed, productor prolífico de musicales de la Metro-Goldwyn-Mayer, fue un éxito inmediato en taquilla en su año de estreno. La estupenda interpretación de Fred Astaire acompañado de una modesta, pero no menos encantadora, Cyd Charisse en el papel de Gabrielle Gerard, hacen de la obra un deleite audiovisual.

La trama se basa en las peripecias y empresas que un grupo de teatro tiene que enfrentar para poner en marcha su obra en Broadway. Fred Astaire representa al actor Tony Hunter, un actor clásico algo pasado de moda, quien quiere volver a los escenarios por todo lo alto. La primera escena muestra la cara de Hunter en el cartel de una subasta en los Ángeles, al parecer nadie da un peso por los objetos de esta vieja gloria del cine. Hunter llega a Broadway con el objetivo de participar en un guión teatral de suspenso que le han preparado los Marton, un matrimonio de comediógrafos amigos. Estos le presentan al estrafalario director Jeffrey Cordova, inmejorablemente interpretado por el británico Jack Buchanan, quien caprichosamente les cambia la idea del libreto por la representación de la leyenda clásica de origen alemán Fausto. La disposición pomposa y el montaje rimbombante del proyecto no dan los resultados esperados, y en su estreno llega a ser un fracaso total.

El equipo de actores, liderado por Hunter, remodela el contenido de la obra y resuelve embarcarse en un viaje itinerante por todo el país del Tio Sam: Filadelfia, Boston, Washington, Baltimore y, como punto de retorno, Nueva York. Allí la representación teatral es ovacionada y los protagonistas se enamoran.

Fred Astaire, el bailarín ícono de las comedias musicales gringas, interpreta un personaje in crescendo. Al principio parece más bien tímido y timorato, después va cobrando más protagonismo hasta demostrar todas sus habilidades en el canto y el baile. Astaire no era muy guapo ni muy carismático, pero tenía unas cualidades histriónicas indiscutibles en la danza, sobre todo en el jazz, el tap y el foxtrot.

Algunas melodías como “Dancing in the dark”, “That’s entertainment” “A shine on your shoes” y “Girl Hunt Ballet” han quedado grabadas para la posteridad en la memoria popular estadounidense. Rondando sus cincuenta años en esta película, Astaire aún podía moverse y ejecutar complejas coreografías que servirían de inspiración a celebridades tales como Gene Kelly o Michael Jackson (“Smooth Criminal”, “Billie Jean” y “You rock my world”).    



Como corolario, tengo que decir que The band wagon es un documento visual indispensable en todo gran admirador de la gran pantalla (Algunos críticos llegan a compararlo con Singing in the rain codirigida por Stanley Donen y Gene Kelly). Diría que un punto a su favor radica en la búsqueda del lenguaje cinematográfico en la representación teatral, además de la espléndida escenografía y la magnífica dirección de Vincente Minnelli, la combinación de colores (especialmente rojos, verdes y negros en el vestuario y la fotografía) consigue atraer y conservar la atención del espectador.   


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