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House of Cards: el drama político de moda

Producto de la plataforma de streaming “Netflix”, "House of Cards" fue la primera serie creada para web nominada a los premios Emmy.  Factura cuatro millones por episodio y tiene en su nómina actores y directores tan prestigiosos como Kevin Spacey, Robin Wright y David Fincher. Al contrario de las grandes cadenas de televisión como HBO, AMC o ABC, los servicios de streaming como Netflix y Amazon han venido posicionándose en el mercado audiovisual online en todo el mundo.

He visto las tres primeras temporadas de “House of Cards” y me siento profundamente satisfecho. La interpretación de Spacey es soberbia, Frank Underwood ejerce el poder de forma plausible. He leído en algunos tabloides que lo tachan de “maquiavélico”, que sus planes se ajustan a la premisa no dicha por Maquiavelo de “el fin justifica los medios”, quizá, tal vez, puede ser, yo diría en cambio que sabe usar su capital social.
¿Y los antecedentes? Bueno… La serie está basada en un libro de Michael Dobbs, político conservador inglés que trabajó bajo el gobierno de Margaret Thatcher, fue best seller en 1989 y posteriormente en 1990 tuvo adaptación a la pantalla chica por la cadena BBC.

¿Y qué es mejor, el libro o la serie? A mi entender, las comparaciones entre el libro y las producciones para televisión suelen ser odiosas.  He tenido la oportunidad de examinar el texto original en el que Francis Urquhart es el Whip o el líder del parlamente británico, un anciano alto que ronda los sesenta años, y que en lo esencial conserva lo manipulador, tratando de convertir en marionetas a sus pares mientras actúa de forma racional con arreglo a fines personales. En el libro la esposa Mortima no tiene la gran importancia que le concede la adaptación gringa a Claire Underwood, aquélla aparece más bien poco. La narración escrita en tercera persona tiene un cariz más egoísta que la serie gringa volcada hacia los dramas personales de un matrimonio que se va consumiendo con el tiempo.

Frank Underwood, un tipo con ambición, avaricia, descaro, que conoce muy bien el tejemaneje de las redes de poder desde sus posiciones. En la jerarquía lo conocimos como congresista del partido demócrata, vicepresidente y presidente de los Estados Unidos de América. Entre las acciones más destacadas de nuestro personaje encontramos los homicidios: el del congresista alcohólico Peter Russo y el de la periodista Zoe Barnes, quien tras convertirse en su amante, hace descubrimientos que la llevan a la muerte.  

Hasta la tercera temporada  Frank y Claire simulan la versión política de la pareja criminal de Bonny and Clyde. Claire convierte a Frank en presidente, y este a su vez le otorga el puesto de embajadora de las naciones unidas. Ambos mienten, saben lidiar con las infidelidades individuales y parecen una pareja muy sólida, a pesar de que no tienen hijos.  Desafortunadamente el castillo de naipes va a derrumbarse, y toda la aparente unidad y complementariedad de la fachada del matrimonio Underwood, tendrá su fin. 

La distinción entre vida privada y vida pública desaparece en el escenario político estadounidense. Tener el control sobre los secretos más íntimos de los políticos juega un papel central como arma de combate. En palabras castizas: “Metérseles al rancho”. La entrevista televisada de Claire haciendo declaraciones de la violación que sufrió a manos de un militar y sus posteriores abortos inducidos, revelan hasta qué punto la opinión pública puede hurgar y ventilar las intimidades de alguien. Asimismo, el debate televisivo entre Dunbar, Sharp y Underwood ejemplifica de modo admirable la hipocresía y el uso indiscriminado de asuntos privados para obtener la nominación demócrata.   

La tercera temporada, la que más he disfrutado, coloca su énfasis en la política exterior estadounidense, restando valor a las cuestiones domésticas. La llegada del presidente ruso Vicktor Petrov a la casa blanca, con toda la ceremonia pomposa de acogida y recibimiento, incluyendo la cena, los brindis y los cantos de ambos presidentes, constituye de los momentos más emblemáticos e inolvidables de toda la serie. ¿Cómo olvidar a Frank y Petrov cantando jazz y tonadas tradicionales rusas? Si no fuera por la estatura, diría que Petrov es la réplica exacta de Vladimir Putin. Empezando por el físico y terminando por la animadversión que despierta entre la comunidad homosexual.


En el capítulo 32 el encarcelamiento del activista gay por decisión del Kremlin despliega todo un mecanismo de negociaciones bilaterales entre EE.UU y Rusia. Michael Corrigan tiene fuertes convicciones libertarias y revolucionarias, que son incuestionables. En este episodio la idea de Zizek de que “sólo cuando estamos dispuestos a correr riesgos estamos realmente vivos”, me retumbó en la cabeza. Corrigan no da su brazo a torcer frente a las persuasiones de Claire, decide morir por un ideal, con algo que está más allá de la mera existencia. El exceso de vida, dice Zizek, sea llamado libertad¸ honor, autonomía, igualdad, amor, Dios etc., hace que la vida merezca ser vivida. 

El conflicto palestino-israelí también es abordado en la serie. Estados Unidos como aliado indiscutible de Israel en el conflicto territorial en el valle del Jordán. Claire, embajadora de la ONU, maniobra las relaciones exteriores de misiones de paz, presionando a Rusia y a otros estados con el fin de mantener el control territorial en oriente próximo. La ONU es retratada como organización fácilmente maleable a los intereses gringos. Desde luego, la potencia establece la paz y el orden global eliminando rebeliones y entregando ayuda humanitaria. Me recordó el ejemplo de Zizek de que en tierra santa no saben si cuando avistan un avión éste lanzará bombas o ayuda humanitaria (víveres, suministros, provisiones etc.,).      

Las frases célebres de Underwood que quedarán para siempre en mi recuerdo:
“Hay dos tipos de vicepresidentes, los que se dejan pisotear y los que pisotean, ¿Cuál creen que yo pretendo ser?”.
 “No se puede ir del no al sin que haya un quizá de por medio”.
“En política internacional saluda con la mano derecha y sostén una piedra en la izquierda”.
“El don de un gran mentiroso reside en hacer creer a la gente que no tiene ningún talento para mentir”.





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